
Un cartel en la ruta indicaba un camino sinuoso que se perdía en la sierra y para allá fuimos, después de 19 km de camino de montaña (tiempo de viaje 1 hora) ya de noche, por fin llegamos. Cruzamos un arroyo en donde vimos un par de carpas, no dudamos y acomodamos la chancha. La sorpresa fue cuando bajamos que nos encontramos en un valle rodeado de montañas, el cielo llenísimo de estrellas. Solo se escuchaban los grillos y el correr del agua sobre las piedras. En ese mismísimo instante se dispara la alarma de la chancha, a todo volumen arremetiendo en la tranqulidad, como si fuera poco se prendian y apagaban las