jueves, 20 de enero de 2011

Rincón amazónico






Una de las cosas que teníamos pendientes era conocer esa selva inmensa que ocupa gran parte del centro de nuestro querido continente sudamericano: El amazonas.
Después de pisar piso Misahualli, ahí donde pasa el Río Napo nos encontrábamos de nuevo con el resto del grupo caminante y fuimos a parar al camping de Leo.
Lo que todos nos contaban sobre el pueblo era que estaba lleno de monos. Al otro dia cuando fuimos a la plaza del pueblo el primer mono que vimos fue el que se abalanzó a la bolsa de panes.  Como una especie de comando se deslizaban todos entre las copas de los árboles y mientras uno te miraba con atencion otro se tiraba y rompía la bolsa y sacaba lo que venia, si algo le salia mal a este venia un mono bastante mas grande, con dientes excesivamente mas afilados y gigantes que los de los otros y chillaba en defensa.





La vida de los monos es batante triste. Ya no pueden conseguir su comida de manera independiente. Dependen de las sobras que le dan los turistas. Porqueria de gololosinas que desequilibra su sistema inmunologico. A veces algunos entran a los negocios en busca de algun paquete de galletitas. Los dueños de los negocios los espantan. Son vistos como ladrones y como un atractivo turistico. Mientras los tures van y vienen los monos padecen la mano humana que los esta matando lentamente.








Atardecer Amazonico

Bandidas hormigas Gigantes


El cacao, rey de las plantaciones ecutaorianas






Teje macrame !










Rio frio y exquisito en medio de un calor insoportable

A la pesca 




En dos segundos tenemos un mono subido a la espalda



Gracias a leo nos adentramos unos días en el amazonas y conocimos la reserva de su abuela. Mientras una señora. sacaba de manera rustica y artesanal oro de la tierra. Intentamos plantar cacao pero el rayo del sol, el peso de los cajones y nuestra no experiencia dejaron de lado la idea de la plantación.









-Mira pebeta estos pibes me tienen harto con tanta fotico, a la cuenta de tres los picoteamos-




Lo de Leo


(…) – Es que a mi me gustan los inconvenientes.
- A nosotros no – dijo el Interventor-. Preferimos hacer las cosas con comodidad.
- Pues yo no quiero comodidad. Yo quiero a Dios, quiero Poesía, quiero peligro real, quiero Libertad, quiero bondad, quiero pecado.
- En suma -dijo Mustafa Mond-, usted reclama el derecho a ser desgraciado.
- Muy bien, de acuerdo - dijo el Salvaje, en tono de reto-. Reclamo el derecho a ser desgraciado
- Esto sin hablar del derecho a envejecer, a volverse feo e impotente, el derecho a tener sífilis y cáncer, el derecho a pasar hambre, el derecho a ser piojoso, el derecho a vivir en el temor constante de lo que pueda ocurrir mañana; el derecho a pillar un tifus; el derecho a ser atormentado.
Siguió un largo silencio.
- Reclamo todos estos derechos- concluyo el Salvaje
Mustafa Mond se encogió de hombros. – están a su disposición- dijo (…) Fragmento del libro: Un Mundo Feliz de Aldous Huxley
Leo, junto con su padre, nos cuentan la historia del lugar donde nos encontrábamos: Puerto Misahualli. Un pequeño pueblo, internado en la selva, a la vera del rió Napo.
Hace muchos años este lado del río era habitado por los Quichuas y del otro lado del río, en la jungla habitaban tribus como los Guhago, Shiripuno, Jibaros entre otros.
Los quichuas temían a tribus como los jíbaros ya que estos eran caníbales y utilizaban técnicas de reducción de cabezas como trofeos y como homenaje a la pachamama.
Cuando llegaron los Colonizadores a esta región, primero se instalaron del lado del pueblo Quichua y luego cruzaron con sus perros del otro lado del río para extraer algunas de las riquezas naturales que tiene ese lugar y se instalaron un tiempo allí. Cuando las tribus locales advirtieron la presencia de extraños no tardaron en llegar al lugar donde los colonos se estaban asentando pero tan rápido como se acercaron huyeron porque decían que los colonos tenían demonios que vigilaban su campamento. Estos demonios eran perros traídos del viejo continente, animal ajeno a esta región y que por supuesto estas tribus nunca habían visto. Así fue que los colonos se fueron expandiendo sin que las tribus del lugar se atrevieran a enfrentarlos. Llego el día en que los colonos por algún motivo se retiraron. En ese momento fueron dos familias Quichuas que anteriormente no se animaban a cruzar el rió hacia la jungla, decidieron ocupar las granjas que habían abandonado los colonos y ponerla nuevamente en funcionamiento. Una noche la paz que reinaba en la granja fue abruptamente interrumpida por los jíbaros, que al ver que los demonios (perros) ya no estaban cuidando la granja, no había a quien temerles y asesinaron a las dos familias llevando sus cuerpos hasta su campamento.
Cuando el pueblo Quichua advirtió esta situación, llevados por la ira y el dolor se armaron y entraron a la selva hasta el campamento jibaro. La batalla se desato al ver los cuerpos de las familias asesinados todavía en el campamento. Mucha sangre corrió y como en toda batalla nadie gano. Desde ese día quedaron claros los límites de quien habitaba que lado del río y la armonía volvió a la región. División que se respeta hasta nuestros días.
No podemos dejar de contar con tristeza que este lugar, como toda la selva amazónica, tiene la desgracia de tener infinitas riquezas naturales. Esto hace que desde hace cientos de años se devasten bosques y tribus para extraer petróleo, madera, minerales, cacao, etc, etc, etc. Hoy las pocas comunidades aborígenes que hasta hace un tiempo mantenían sus costumbres, muchas de las cuales aun no habían tenido contacto con el hombre blanco, ya están siendo “civilizadas” por compañías petroleras que a cambio de que les permitan explotar las tierras donde ellos viven, les llenan los bolsillos creando en ellos la necesidad de algo que realmente no necesitan.











A pocos días de pisar la selva el grupo de 5 se había agrandado con Anny, Mich y Franco un loco cordobés que venia haciéndose camino por las Américas. Casi sin saber como ni porque fuimos invitados todos! por un hombre a su casa a comer asado, asíque entre cumple de pau y asado pasamos los últimos días en puerto Napo.


Los amigos de ruta: pau, mari pau y julito iban desapareciendo a medida que se alejaban de nosotros con sus pesadas mochilas y sus sueños sin tamaño.

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