En Caracas nos esperaban dos de las personas mas lindas que conocimos en Venezuela, Miguel y Virginia. A ellos todavía no los conocíamos personalmente, habíamos hablado por Internet y nos recibieron con los brazos abiertos
Uruguayos/Venezolanos, nos ayudaron a buscar hospedaje para Arístides mientras estuvo de visita. Nos, prestaron, a través de un amigo, el lugar donde dejar la chancha mientras estuvimos en Cuba y nos enseñaron que para ser soñadores, idealistas, solidarios y revolucionarios no hay edad. Probamos los ricos fideos caseritos de Virginia y disfrutamos de la hermosa música que toca Miguel.
Además de hospedarnos en su casa y la de María nos hicieron conocer el Club Uruguayo, un hermoso lugar de encuentro de Uruguas fuera de su país donde el exilio a veces es duro y pide un poco de aromas familiares. En esos dias Miguel nos preparaba una sorpresa