cabeza para jugar a ser grande.
Lo mismo que hacia yo cuando me armaba un escritorio y jugaba a alguna especie de secretaria bancaria. Lo mejor de la bancaria es el ruido del sello en la mesa. Me gustaba hacer ese ruido. Le daba un tono muy verídico.
Antigua tiene un mercado lleno de pasillos. Lo conocimos cuando intentamos ir a pedir permiso para vender algunas artesanías. Pedido que se truncó en medio del intento pero que nos permitió doblar 35 veces entre pasillos, puestitos y fuentones. Seguíamos a un uniforme de seguridad amarillo flúor y azul que se movía en el mercado con fluidez. Mientras yo intentaba memorizar el camino, claro esta, con muy poca eficacia. Cada paso caminado era un paso olvidado.
En los días que siguieron el mismo mercado laberíntico se convertía poco a poco en un mini almacén. Ya había elegido el pan de un puesto, el queso de otro y los miércoles y sábados se renovaba la verdura. Las doñas que no tenían puestito se disponían en la calle, debajo de un tinglado enorme sentadas en el piso con sus verduras desparramadas, o vagaban con alguna canasta en la cabeza al grito de la oferta en busca de algún cliente generoso.
Mas adelante en un predio enorme, entremedio de la calidez de los colores del arco iris que se repiten sea donde ponga la mirada bailaban los tejidos, las telas, las mascaras, las artesanías de la gente de Chichicastenango y de algún que otro pueblito,
Algo que aprendí en Perú es que al mirar los puestos debía pasar rápido y nunca pero nunca mirar al vendedor/a. Para mi llegada a Guatemala, Perú había quedado muy atrás y cada vez que paso por un lugar lleno de colores me cuesta no detenerme.
Para la mirada del que esta detrás del puesto no soy viajera, soy turista y algo de plata tengo que tener. Hay imágenes que me recuerdan a Perú aunque para la venta hay un estilo distinto. Se necesita vender y el turista tiene plata, es cierto, pero el tono es diferente y resuena en mi cabeza la pregunta diaria: -"Seño, ¿que va ievar?"- La pregunta que se vuelve a repetir en el próximo puesto y el otro, y el que sigue. Si la miro se que sera demasiado tarde.
Decidimos ir a un pueblo cercano a Antigua donde alguna gente asegura que las artesanías son bastante mas baratas y nosotros comprobamos que hubiera sido mejor comprar en Antigua y ahorrarnos la nafta. Entro con Pato y dos amigos màs y el lugar que esta vacío recibe a los potenciales compradores. Entramos con la intención de comprar alguna colcha y algún bordado. Yo me pruebo 5 guipiles. Eso significa que voy a comprar y desde todos los costados me ven intentando encontrar una pieza. Ella (mi vendedora)sabe que lo que me diga de ahora en mas va a hacer que me lleve su guipil o que me lleve el del negocio de enfrente. La compra del guipil para mi es una inversión aunque lo pagare bastante menos de lo que creo que cuesta una artesanía como esa. La sensación de la compra se me hace contradictoria. Comprar una obra de arte por unos pocos pesos injustos pero que yo no podría pagar si no costara ese precio mínimo.
Por unos minutos soy la que llega y compra. Ahora tengo plata. Al rato de la indesiciòn y de haber rebotado en tres puestos distintos termino en el ùltimo timoneado por una señora buena y amable que me deja probar del primer al ùltimo guipil que esta colgado a lo alto. Estoy entre 3 o 4 que voy descartando de a poco. La señora me quiere pero me odia. Ella se pone ansiosa, yo me siento incomoda. Termino comprando porque aunque me pruebe 20 todos son hermosos y por el motivo certero de que sino lo llevo la doña va a terminar por escupirme. Una sensación que puede no ser cierta pero es la que siento cuando me acerco a ver algo. A veces pienso que ilusiono al otro como que voy a comprar o que me maldice tanto por dentro por haber mirado, probado y tocado y no comprar que prefiero llevarme cualquier cosa. Pero en general son fantasías Cuando me tocó vender nunca odiè a nadie...
Excepto al...Acompañante...Un espécimen despreciable que arruina la venta. Como la amiga de la que va a comprar alguna artesanía y de repente no le gusta nada de lo que tenes y no solo no compra sino que también convence a la otra de no comprar frunciendo la nariz. O peor, la novia del chico dadivoso que le quiere comprar todo y ella mueve la cabeza con un no seguido de otro.
Cuando vuelvo a Antigua es demasiado tarde para comprar en el mercado. Necesito cruzar y termino en "la despensa familiar" que hay enfrente, una de las tantas arterias de Wall Mart. De paredes altas y pisos limpios. Con productos perfectamente acomodados, listos para ser llevados al changuito. Mientras se forma una fila perfecta detrás de un mostrador sin ninguna doña que diga: "Seño ¿que va ievar? "- sino con una mirada distante y concentrada en pasar uno a uno los productos por la maquina registradora. Sin ningún niño jugando a ponerse una canasta en la cabeza o terminando la tarea. Sin ninguna familia comiendo el almuerzo mientras compro el queso. Sin la posibilidad de poder recordar la cara del empleado con el que ni siquiera crucè una palabra de las que pude cruzar en el mercado de enfrente. Todo demasiado pulcro y artificial como para apoyarlo en el suelo y venderlo estirando la mano.
Antigua a lo alto
Antigua por los recovecos
Mercado de Antigua
Chichicastenango
La feria de Chichicastenango
Llegando al lago Atitlàn
Mercado de Santiago de Atitlàn
Lago Atitlàn
Hola amigos!!! Luego de tanto tiempo sin noticias una alegría saber que siguen en viaje. Siempre los recordamos, especielmente aquel encuentro cerca de Barichara ¿Hace ya bastante no?
ResponderEliminarZulma y Carlos (www.ungranpaisnadamas.com.ar)
Que bueno saber de ustedes!! Les mandamos un fuerte Abrazo!
ResponderEliminarBuenísimo chicos! me alegra saber de ustedes. beso
ResponderEliminarcristina ( cristina171280@hotmail.com) nos conocimos en ocucaje peru
Cristina! que loco, tanto tiempo. Que lindo Ocucaje. Beso Grande!
EliminarHey! que bueno tener noticias de ustedes! Guatemala ¿no? que lindo che!!! un Abrazo muy grande desde Tucumán! Renzo Vitaliti.
ResponderEliminarhermoso relato y hermosas fotos!! un abrazo chicos!!!
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